
Observaba, durante la segunda quincena de junio, la urgencia con que los obreros trabajaban en el predio donde se erigiría al estatua a Ernesto Che Guevara, en el Parque Yrigoyen, en mi ciudad, Rosario.
Según avanzaba la obra se iban revelando las modestas pretensiones del proyecto: un área parquizada, algunos desniveles, césped, veredas, un tabique de hormigón armado con la leyenda calada CHE80 (en mi opinión el detalle de mayor creatividad) y un sencillo pedestal, delineaban el predio donde se instalaría la estatua.

