¿Hacia dónde mira el Comandante?

Me parece que apuntaron a Cuba y le pegaron a las Galápagos...

Observaba, durante la segunda quincena de junio, la urgencia con que los obreros trabajaban en el predio donde se erigiría al estatua a Ernesto Che Guevara, en el Parque Yrigoyen, en mi ciudad, Rosario.

Según avanzaba la obra se iban revelando las modestas pretensiones del proyecto: un área parquizada, algunos desniveles, césped, veredas, un tabique de hormigón armado con la leyenda calada CHE80 (en mi opinión el detalle de mayor creatividad) y un sencillo pedestal, delineaban el predio donde se instalaría la estatua.

La escultura fue realizada mediante el aporte de 14.275 llaves, las que fundidas, proveyeron al artista Andrés Zerneri de la materia prima necesaria para su ejecución.

La estatua arribó a Rosario el 1º de junio. Ese mismo día me sumé a una buena cantidad de curiosos interesados por conocer la obra con la que se honraría la memoria del insigne revolucionario.

Monumento a Ernesto Che Guevara, Rosario, Argentina

Doy fe de que a muchos nos asombró la mala calidad de la hechura. Un rostro definido en base a rasgos más parecidos a las representaciones de las historietas que a un atisbo de realidad y una cabeza pequeña en relación a un desproporcionado y henchido pecho, a tono -quizás- con sus piernas excesivamente gruesas, sobre la que aparecen las siluetas de algunas llaves; las que seguramente intentan plasmar un testimonio sobre el origen del bronce que da cuerpo al artefacto.

Es probable que la obra encierre en su totalidad una alegoría que escapa a mi vulgar apreciación, pero me resulta imposible no recordar detalles asociados a la inauguración del monumento a Carlos Gardel, erigido en las proximidades de la esquina de Córdoba y Cafferatta y reubicado en oportunidad de la construcción del Patio de la Madera a unos doscientos más al este de su primigenia ubicación.

Monumento a Carlos Gardel, Rosario, Argentina

Dicho monumento, obra del escultor Carlos Baduna, fue inagurado en 1975.

Grande fue la sorpresa del público rosarino cuando se descubrió la estatua, decididamente más parecida al tío de cualquier amigo que al zorzal criollo, a quien pretendía representar.

Y grande era el clamor sobre el infortunado parecido, pero nadie parecía animarse oficializar el disenso estético; hasta que vaya saber porqué, la cuestión llegó a oidos del artista, quien se excusó aduciendo la premura impuesta en los tiempos de ejecución, solicitando un mayor plazo y una segunda oportunidad; la que finalmente quedó plasmada en la digna estampa en bronce del morocho del Abasto.

Días después de la inauguración del monumento a Guevara, pasé para apreciar el predio en su conjunto y me llamó poderosamente la atención la orientación que se le dio a la figura del Che. 

Averiguando, me enteré de lo que luego pude confirmar está publicado en el diario La Capital del 15 de junio. “La escultura está orientada hacia el nor-noroeste, en un diálogo de miradas con otra ubicada en Santa Clara (Cuba).”

Decir esto es un lugar común: no sé si reirme o llorar. De hecho la estatua está orientada mirando al oeste, girando muy levemente al norte, de modo que -con mucha suerte- la mirada del Che va a dar a algún punto del Pacífico, luego de pasar entre La Serena y Coquimbo, quizás remedando el épico viaje junto a Alberto Granado.

Seguramente es estéril inventariar cuanta burocracia e interés político están implicados en esta pequeña anécdota de nuestra vida cotidiana. Lo que me parece seguro es la ingente cantidad de ineficiencia y corruptela invertidas.

Voto a favor de una segunda oportunidad a Zerneri, de procurar una brújula al “ingeniero geógrafo” que orientó la estatua y de una condena electoral a los artífices políticos de esta pequeña malograda realización.

De no ser posible, mociono a favor de colocar una venda, que oculte a los ojos de la noble figura del Comandante tanta demostración de la impudicia de estos trágicos tiempos.

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